Porque vale la pena ser feliz

miércoles, 29 de agosto de 2012

Empezaba a pensar que me había vuelto importante para ti. Que tus abrazos no eran simplemente por puro compromiso y que me echabas de menos. Me volvía a sentir con energía cuando sabía que estabas a mi lado. Y ahora me doy cuenta de que en lo único que vas a tener toda la vida, yo no voy a formar parte. Y me duele. Y no sé porque no dejo de llorar. Y hasta las lágrimas que caen por mis mejillas duelen. Creo que no quería darme cuenta de lo que significas para mi, pero ha llegado el momento de madurar. De madurar del todo y dejar atrás lo único que me quedaba de una niñez que tal vez nunca existió. Tengo que decirte que pensaba que era mas importante para ti, de lo que me he dado cuenta que soy. Ya no miro a las personas a los ojos por miedo a que me hagan lo que ya me han echo. Últimamente mi mejor amiga, y mi aliada en las largas noches de verano es la oscuridad, donde nadie se da cuenta de lo que me pasa, y el dolor aunque no desaparece se camufla por otros miedos que llegan a mi cuerpo. He estado ahí siempre, y he luchado contra gente, que aún sin conocerte me han dicho que te deje, que no me moleste por ti. Y siempre he contestado que eras una gran persona, y que aunque a simple vista no lo pareciese tenías un corazón aún mayor. Tal vez ellos tenían razón y tú has sido mi mayor error. Haremos de nuestra vida en común, dos igual de importantes por separado.

domingo, 12 de agosto de 2012

Ya no consigo recordar su color de ojos. Creo que eran azules. O verdes. Tal vez eran color miel. No. Estoy segura de que no. Ya no logro recordar si su color de piel era caramelo, o más bien blanquecina. Me preocupa olvidarme de su sonrisa torcida y de los hoyuelos que le salían cuando sonreía. Pero lo que más me preocupa es no recordarlo a él. Olvidarle hasta tal punto que no recuerde sus abrazos, sus caricias, sus miradas... Me preocupa más que nada de lo que me ha preocupado hasta ahora. El destino juega con nosotros. Y convierte todos sus caprichos en realidad. Pero porqué tuvo que hacernos esto. Eramos perfectos juntos. Estábamos echos el uno para el otro. Disfrutábamos de cada rincón de nuestra piel, nunca jamás hubieron peros. Y demasiadas pocas veces discutíamos. Todo era perfecto junto a él. No había problemas, y si los había acababan siendo nada. Tal vez fue eso lo que nos mató. La tranquilidad de saber que siempre estaríamos juntos. Otro día más que no puedo dormir. Son las dos de la madrugada, y mañana tengo que levantarme temprano para volver a enfrentarme a otro día sin él. Pero no puedo dejar de pensar. Parece que el tiempo no pasa y cada vez que apago la luz e intento desesperadamente conciliar el sueño, se apodera de mi una serie de pensamientos a los que estoy harta de dar largas. Tal vez sea el momento de enfrentarme a ellos, pero no tengo fuerza. Las noches son malas, apenas puedo dormir, pero los días son peores sin él. Los problemas han vuelto a venir y ahora no sé como darles solución. La única solución que encuentro es la única que no podré cumplir jamás; volver a su lado.

sábado, 11 de agosto de 2012

Porque hasta los mejores amores se pierden. Y ya no existen príncipes azules, ni princesas de color de rosa. Porque ahora hay que buscarse la vida. Hay que reír y llorar, por esas personas que nos vuelven locos. Hay que luchas y con ello ganar o perder. Pero sobretodo hay que tener algo muy claro y es que el que no arriesga no gana y en este juego queramos o no entramos todos.

jueves, 2 de agosto de 2012

Aquella noche pasadas las 12 llegamos a uno de los mejores sitios que mi vista había contemplado. Era un 23 de julio de yo que sé que año, pero una noche inolvidable. Tras un día magnífico, nos esperaba una noche mejor. Aquel mensaje recibido días antes me había devuelto la esperanza y decidí llamarle. No sabía que pasaría ni a donde iríamos con esto, pero tenía que intentarlo una vez más. Así que teléfono en mano decidí llamarle. Y la sorpresa fue inmensa. Bosque, estrellas y besos. Cena, piscina y romance. Era perfecto, absolutamente perfecto. Pero una vez más había que enfrentarse a la realidad. Cada uno debía volver a su vida y sería duro para los dos mantener esto. Pero pese a todo, y pase lo que pase su recuerdo permanecerá siempre en mi memoria, al igual que yo en la suya. Y eso no nos lo podrá quitar nunca nadie.