Porque vale la pena ser feliz

jueves, 2 de agosto de 2012

Aquella noche pasadas las 12 llegamos a uno de los mejores sitios que mi vista había contemplado. Era un 23 de julio de yo que sé que año, pero una noche inolvidable. Tras un día magnífico, nos esperaba una noche mejor. Aquel mensaje recibido días antes me había devuelto la esperanza y decidí llamarle. No sabía que pasaría ni a donde iríamos con esto, pero tenía que intentarlo una vez más. Así que teléfono en mano decidí llamarle. Y la sorpresa fue inmensa. Bosque, estrellas y besos. Cena, piscina y romance. Era perfecto, absolutamente perfecto. Pero una vez más había que enfrentarse a la realidad. Cada uno debía volver a su vida y sería duro para los dos mantener esto. Pero pese a todo, y pase lo que pase su recuerdo permanecerá siempre en mi memoria, al igual que yo en la suya. Y eso no nos lo podrá quitar nunca nadie.

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