Porque vale la pena ser feliz
sábado, 3 de marzo de 2012
Resulta realmente duro. No recordaba lo que dolía. No lograba recordar qué era aquello qué venía después. Nada era perfecto. Ni lo sería nunca. Pero era feliz. Yo era feliz. Y ahora no lo soy. Tal vez fue el destino. O tal vez nos equivocamos. Pero parecía todo tan perfecto. Y luego de repente te despiertas. Solo que yo no estaba soñando. Y el dolor todavía perdura. De vez en cuando viene a mi cabeza un recuerdo. Y duele. Debería hacerme feliz recordar. Pero duele, no os podéis imaginar como duele. O tal vez sí. La verdad no lo sé. Lo único que sé es que duele. Más de lo que recordaba. Mucho más de lo que podía recordar. Acabará pasando, como todo. Pero ahora duele. Y no puedo evitar mirar su foto cada cinco minutos. Y entonces es cuando más duele. Pero quiero que sea feliz. Ante todo quiero verle feliz. No soy egoísta. Ni celosa. Ni nunca lo he sido. Y sé que no lo seré. Soy así, y por encima de todo quiero verle feliz. Quiero verlo sonreír conmigo, o sin mi. Aunque me duela. Aunque eso signifique perderle. Aunque eso me demuestre que no le importa. Aunque sea lo peor que me haya pasado en mucho tiempo. He de acostumbrarme. He vivido dieciséis años de mi vida sin él, y puedo volver a hacerlo. Será difícil, pero nada es imposible...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario